Jamás supe cuanta azúcar derramar sobre el café, ni los límites del amor,
no he logrado dimensionar cuanto humo al día es capaz de asesinar,
ni sé cuando juntar los dientes.
No sé a qué dirección avanzar. Yo improviso en el camino.
Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza
El cielo me habla como un tartamudo, y no le entiendo lo que dice. Dios me tira mierda porque estoy muy sorda, porque no comprendo, porque esta fue mi voluntad. Pero me esfuerzo por entender esa repetición de sonidos y me parece una llovizna, no una tormenta. Se enfurecen porque no me llegan los mensajes y no obedezco. Se molestan porque tomo café en vez de té verde, porque fumo en vez de correr, porque lloro en vez de reír. Pero mis oídos están tapados, y lo divino no sabe expresarse.